Testimonio de una madre ll

testimonio de una madre ll

Aquí les presento la segunda y última parte de un testimonio sobre la maternidad.

Antes de convertirme en madre recuerdo como miraba a aquellas mujeres que estaban en el supermercado con sus hijos haciendo berrinche, en ese momento sólo las criticaba y pensaba “Qué mala madre es esa mujer que no puede controlar a su hijo, yo en su lugar le daría unas buenas nalgadas para corregirlo”, me chocaba escuchar el llanto a todo pulmón de un niño por una rabieta, pues ahora esa escena se ha convertido en parte de mi vida cotidiana. Cada que salgo algún lugar con mi hija, se tira al piso y hace berrinche porque quiere agarrar todo lo que ve a su paso y ahora soy yo la que siente las miradas de otras personas sobre mí, quienes seguramente piensan lo mal que estoy educando a mi hija. Pero uno no entiende de esas cosas hasta que las vive, pues ahora mis recorridos por las tiendas se han convertido en momentos de tensión tratando de controlar sus berrinches y corriendo todo el tiempo tras ella ya que al menor descuido se me escapa para ir por algo que llamó su atención; quitarle la vista de encima por unos segundos sería catastrófico ya que podría romper o tomar algo que no debe. ¿A qué mamá no le ha pasado que tras un descuido, su hijo toma alguna cosa de la tienda y se la lleva a casa sin haberla pagado? A mí ya me pasó dos veces y se siente una pena inmensa.

Y hablando de recorridos por la tiendas, estos sí que han cambiado en mi vida, pues antes de ser mamá lo único que me preocupaba era encontrar una buena oferta en ropa, maquillaje o zapatos de tacón, ahora me la paso buscando buenas ofertas en pañales, leche de bebé y lindos tenis o zapatos bajos para poder caminar cómodamente con mi pequeña. Quién lo iba a decir, después de haber tenido una gran colección de tacones para toda ocasión ahora sólo tengo algunos pares olvidados en el rincón de mi clóset.

Esos deliciosos días en los que podía dormir 12 horas seguidas en una noche o tomar una siesta a medio día,es un lujo que ya no puedo darme, ni siquiera pensarlo, es algo que me ha costado mucho asimilar y lo que más me ha afectado en mi vida de mamá, y es que algunas mujeres dicen que sus bebés duermen toda la noche, pues yo no corrí con la misma suerte, a sus casi 18 meses de nacida mi bebé despierta entre cuatro o cinco veces,  temo que me ha afectado mucho física y psicológicamente, pues tengo una fatiga extrema y es que he probado toda clase de remedios para que duerma bien, desde la aromaterapia, cereal especial para la noche, esencias y cremas relajantes, hasta las famosas lechugas en la tina de baño antes de dormir, pero nada ha funcionado. Ahora he pasado de la desesperación a la resignación, pues sé que esto es pasajero, pero sí es una realidad que nunca vas a dormir igual, también hay quien te aconseja hacer siestas cuando tú bebé duerme pero es otro lujo que no me puedo dar, pues yo aprovecho ese tiempo para bañarme, hacer tareas domésticas o realizar pendientes personales.

Los primeros meses de nacida de mi bebé para mí fueron los más difíciles, pues entre lo adolorida que me sentía por el parto y asimilar que tenía una personita que depende al 100% de mí me creó un conflicto existencial, entiendo a aquellas mujeres que sufren de depresión post-parto, el convertirte en madre sí te cambia la vida por completo, sé que nunca volveré a ser la misma, ahora mi prioridad es atender las necesidades de mi bebé y después las mías.

El tema de la alimentación de mi hija también fue algo que me creó un conflicto, pues para mi mala suerte nunca produje la suficiente leche para alimentarla, incluso a los tres meses de nacida ya no pude seguir amamantando a mi bebé y encontrar una fórmula que aceptara su organismo fue una tarea muy difícil. Los cólicos y llantos nocturnos de un bebé también son un dolor de cabeza, incluso en varias ocasiones mi pareja y yo tomamos el auto y salimos a dar una vuelta con la bebé, fue una buena manera de calmarla en ese momento. Poder tomar un baño tranquilamente quedó en el pasado ahora dispongo de escasos 10 minutos para poder hacerlo antes de que la bebé se dé cuenta que no estoy cerca de ella y comience a llorar. Recuerdo que cuando mi bebé era más pequeña, yo dependía de alguien para poder encargarla e ir hacer mis necesidades fisiológicas, o si no, esperar hasta que ella tomara una siesta, ahora ella va conmigo todo el tiempo al baño.

Las enfermedades son otra cosa que me han quitado la tranquilidad, pues cuando voy a algún lugar público estoy a la expectativa de que los niños o personas que se le acercan a mi hija no vayan a estar enfermos y me la vayan a contagiar de alguna enfermedad extraña, pues con tanta cosa que lee uno en el Internet te entra una paranoia terrible. Y es que hace unos días mi hija amaneció llena de ronchas, la llevé al doctor y me dijo que la habían contagiado de “roséola”, una enfermedad que no existía en mis tiempos, no  es nada grave pero ahora está muy de moda en los niños.

Me han preguntado “¿Si pudieras regresar el tiempo, volverías a ser mamá?” y lo único que puedo responder es que ya no puedo vivir sin ella, cada día que pasa me enamoro más de mi hija y cada cosa nueva que ella logra realizar es lo máximo para mi, y pese a que siempre voy a estar rodeada de personas que tratan de decirme lo que debo o no hacer con mi hija y su educación, lo sigo haciendo a mi manera, porque no hay una escuela donde te enseñen a ser mamá, y soy la única que sabe sus gustos y necesidades aun cuando apenas comienza a decir unas cuantas palabras.

Yasmín Reyes

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1 comentario

  1. Aburridísimo este testimonio. Esperaba realmente una buena conclusión

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