Razones para no tener hijos: No tengo instinto maternal

No tengo instinto maternal

La decisión de no tener hijos tiene tantas aristas como diversidad de personas. Hay quienes no quieren traer más gente a un mundo caótico y sobrepoblado, otros para los que la difícil economía es un impedimento, y algunos más que debido a una infancia traumática, no quieren repetir la experiencia, ahora como padres. Y yo por ejemplo, no tengo instinto maternal.

En mi caso, creo que la  razón esencial, la primaria, y la que realmente es determinante es la simple falta de deseo, o del llamado “instinto maternal” (que en realidad no existe). Es decir, si deseara ser madre, todo lo demás (la pérdida de libertad, de tiempo libre, el estrés extra, las preocupaciones, los gastos) no me detendrían. Y creo que es el caso de la mayoría de la gente, de los que tienen deciden tener hijos y de los que no: El deseo de ser padres, o la falta de deseo, más allá de los pros y contras.

Nunca me he sentido particularmente emocionada por los bebés. No me entusiasma cargarlos, ni verlos (salvo algunas excepciones), y por supuesto, menos tenerlos. Aunque tampoco los odio ni mucho menos, de hecho algunos me dan mucha ternura, pero no me dan ganas de reproducirme sólo por ver un bebé bonito o haciendo cosas tiernas.

Respeto y admiro la labor que hacen las mamás, es de verdad titánica. Pero no me interesa formar parte del club, y nunca me ha interesado.

Socialmente se cree que todas las mujeres somos como incubadoras ambulantes, que de fábrica traemos el chip de la maternidad. Que nuestra única función en el mundo es la procreación. Así que cuando nos salimos de este esquema arde Troya. Existe una gran presión en nuestra cultura para que seamos madres. Y tristemente, muchas ceden a la presión sin desearlo de verdad y terminan en el grupo de madres arrepentidas.

En realidad no es de sorprenderse, dado que la mujer sigue siendo tratada como ciudadano de segunda y se espera que se limite a cumplir un rol conveniente para la sociedad, que es básicamente controlada y dirigida por hombres, y por lo tanto, estructurada para velar por sus intereses. Las mujeres, en este esquema global, son una herramienta, una pieza de la maquinaria.

Como dice Orna Donath: “...para la sociedad este sistema es muy útil. Nosotras lo hacemos todo sin cobrar, mientras que ellos ganan dinero, viajan y entran y salen del cuidado de los hijos a su antojo”.

El mundo aún no está preparado para las mujeres que rompen los esquemas. Pero avanzamos poco a poco.

Arrivederci

 

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