Niños latosos en el vuelo: mi pesadilla en el aire

Pesadilla en el aire, niños latosos en el vuelo

La semana pasada viví una auténtica pesadilla en el aire: Niños latosos en el vuelo. Al menos lo es para los que somos childfree y tenemos un bajo umbral de tolerancia al ruido y molestias que causan esos pequeñitos seres humanos, y en particular los que están mal educados.

Creo que el sistema de tarifas bajas de Volaris es el culpable. Al menos, “culpable” de que el vuelo fuera lleno, de ida y vuelta, cuando anteriormente, la misma ruta siempre tenía muchos asientos vacíos, especialmente en el tercer tercio del avión, mi zona preferida, por la poca incidencia de infantes en ella.

Así, en años anteriores, y viajando principalmente en Interjet, corría con la gran suerte de volar en paz. Sentada a unas cinco hileras de la cola, el barullo de los niños sentados casi siempre en la zona de adelante del avión, era sólo un murmullo lejano.

Podía leer, pensar, relajarme, escuchar música a bajo volumen y disfrutar el trayecto, en mi burbuja childfree de la felicidad. Incluso sucedía con frecuencia que me tocaba libre toda mi hilera, así que disfrutaba de espacio y tranquilidad. Y llegó a suceder que cuando ese barullo lejano se volvía constante, de repente los asientos de mi alrededor se empezaban a ocupar, de la gente de adelante que huía del niño llorón en cuestión.

Bueno, eso se acabó. Al menos en Volaris es una auténtica pesadilla. Las llamadas “tarifas limpias” han generado una saturación y el resultado son vuelos llenos, de ida y vuelta (al menos en la ruta que tomé).

Gente ruidosa jugando con sus iPads o celulares, un olor a pollo invadiéndolo todo aún antes de despegar (la gente ya sube con su lunch ya que la tarifa ya no incluye ni snacks ni bebidas) y lo peor: muchos niños, y ruidosos. Adelante, atrás, en medio, y mi pesadilla hecha realidad: niños justo detrás de mí. Ida y vuelta. Increíble. El vuelo era como un mercado de domingo. Como una broma del destino. Y hasta hice verso sin desatino.

El niño de ida, de unos 10 años de edad, fue un auténtico fastidio antes de despegar y varios minutos después. Sarandeando mi asiento, pateando, y no sé que tanto hacía, pero afortunadamente se calmó casi medio vuelo o más.

El de regreso fue mucho peor. Un niño de unos  4 ó 5 años, que no se estaba quieto por nada del mundo. Se la pasó quejándose con su mamá de todo, bajando y subiendo la mesa de servicio, sacudiendo mi asiento, y pateando TODO EL VUELO.

Y para todas aquellas madres que alegan que “no tenemos empatía” con el agobio que sufren (como me dijo una cuando me quejé en Twitter), sí que la tengo. La tengo con los padres que veo que tratan de calmar a sus hijos (no así con los que les importa un sorbete si sus querubines se comportan como pequeños demonios de Tazmania).

En este caso, la señora en cuestión estaba mortificada, y la escuché decirle varias veces al niño que se estuviera quieto porque me iba yo a molestar. Así que me abstuve de decirle algo para no estresarla más (¿ya ven como soy un ángel?).

Pero sus intentos fueron en vano, el niño, desobediente, no se estuvo en paz. Así que arruinó mi vuelo. No pude relajarme ni concentrarme en el libro que estaba leyendo tratando de leer. El único consuelo que me quedó fue pensar que sólo tendría que aguantar al niño un par de horas. La señora tendrá que aguantarlo de por vida.

No sé ustedes, pero a mi me urge que ya haya vuelos sólo para adultos, o al menos secciones del avión. En algunos países ya existen (y de eso hablaré en un próximo post). De verdad, los niños latosos en el vuelo es algo que todos padecemos.

Esperemos que ya se pongan las pilas las aerolíneas mexicanas, y las de todo el mundo, porque, como le dije a la mujer en Twitter, los vuelos childfree serían benéficos para todos. Opciones para todos, menos estrés para todos, y todos contentos. ¿A poco no?

 

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1 comentario

  1. Que tema tan interesante sobre todo por que yo tengo una hija y entiendo tu molestia. Hace algunos días hice un viaje en autobús con mi marido y mi hija y no encontrábamos la manera de controlarla, incluso un señor al más mínimo ruido que hacía mi hija me volteaba a ver con unos ojos que me hacían sentir muy incómoda, entonces tenía doble presión, la de querer controlar a mi hija y la del señor. Fue terrible!!!.

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